Sobre mí


No soy una persona a la que le guste hablar de sí misma, al menos en lo que respecta a la vastedad del ciberespacio. Tanto es así, que ni siquiera formo parte de ninguna red social, y para mantener el contacto con mis familiares y amigos prefiero recurrir a otros medios más tradicionales.


     ¿Qué me impulsa entonces a escribir esta sección? La respuesta no es otra que el decoro de acercarse al lector y estrecharle la mano. Desde luego, no es un precio muy alto por su fidelidad, ni siquiera para alguien tan reacio como yo a exponerse públicamente. Ahora bien, saber qué contar y cómo hacerlo, ya es harina de otro costal. Cualquiera que se haya enfrentado a esta misma situación sabrá que, lo que en apariencia es tan sencillo, en la práctica no lo es tanto. Es por esto que, tras haberle dado muchas vueltas, he llegado a la conclusión de que el mejor modo de abordar este asunto es desnudándose al lector sin ningún tipo de complejos. ¡Comencemos!
«Mi apodo es Psicopompo, pero mi verdadero nombre no lo es. Esto no quiere decir que mi verdadero nombre sea falso, sino que es otro muy diferente de Psicopompo, tanto en forma como en significado.»
     ¿Qué os ha parecido? No ha estado mal, ¿eh? Pues nada, hasta aquí la sección sobre el autor. Gracias a todos por leerme. ¡Espero que disfrutéis del contenido del blog y os suscribáis!




     –¿Alguien puede aclararme a qué vienen esas caras de descontento?


     –Tú, el que tiene pinta de no tener novia, ni ahora ni nunca.


     Ya veo... Es evidente que no sabéis leer entre líneas. Aun con todo, puede que tengáis razón en que la presentación ha resultado un tanto escueta, pero no os desaniméis. Si de verdad queréis saber algo más sobre el autor de este humilde blog, estoy dispuesto a intentarlo de nuevo. ¡Vamos allá!

***

     Todo blog suele estar vinculado de un modo u otro a los intereses de su autor, y éste no es ninguna excepción. En Intraterra confluyen varias de mis aficiones favoritas, como lo son el dibujo, la escritura y la composición musical.

     De estas tres aficiones, dibujar es para mí la más importante y la que más me define. Llevo dibujando desde que era un niño, y desde que me levanto hasta que me acuesto –sin importar que no haya dibujado en un largo período de tiempo– me siento, ante todo, un dibujante.

     Mi afición a la escritura, por otro lado, comenzó en mi adolescencia, carteándome con un buen amigo que vivía a muy pocas manzanas de distancia. Era frecuente el encontrarme con él por la calle y que uno de los dos le dijera al otro: «¡Hey! Acabo de enviarte una carta. Te llegará mañana.» Esto sucedía muy semanalmente. Nuestras cartas eran como pequeños ensayos que intentaban diseccionar conceptos abstractos como la verdad, la soledad o la ira. A menudo resultaban completamente ininteligibles, pero para nosotros –por extraño y repelente que pueda sonar– suponía un buen entretenimiento. Con el tiempo, me aficioné a escribir relatos cortos —casi siempre de ciencia-ficción humorística—, hasta que finalmente me atreví con una novela —un drama, en este caso— que nunca terminé.

     Mi incursión en la música es relativamente reciente. Comencé a componer como parte de este proyecto que es Intraterra, con el fin de ponerle una banda sonora original a la historia. El mayor inconveniente fue que no tenía –y sigo sin tener– conocimientos musicales, por lo que tuve que aprender a utilizar diversas aplicaciones que me han permitido plasmar, nota a nota, los temas que pululan en mi cabeza. Espero que me disculpéis si la calidad no es la idónea.

     Es probable que muchos de vosotros no lo sepáis, pero este blog no es algo reciente. Intraterra nació en Japón durante la primavera de 2009. Por aquel entonces, yo vivía en la prefectura de Aoba-Ku, en Yokohama, y llevaba un tiempo dándole vueltas a la idea de crearme un blog. Lo cierto es que no tenía muy claro lo que quería hacer, pero sí sabía que tendría que ser diferente de lo que ya circulaba por la red. No fue fácil dar con la idea, pero con el paso de los días, y después de haberle dado muchas vueltas, acabé teniéndolo claro. ¡Mi blog sería una experiencia audiovisual!


     No nos engañemos, puede que lo de llamarlo «experiencia audiovisual» fuese ir demasiado lejos, incluso en 2009. La realidad es que se trataba de un cuento ilustrado online, con una estructura sencilla de navegar y una buena atmósfera. Recuerdo que los comienzos fueron vertiginosos, y en muy poco tiempo ya había subido cerca de cuarenta entradas. La acogida estaba siendo bastante buena para su corto recorrido, pero todo se interrumpió de forma abrupta poco después, cuando mi vida sufrió un percance que me obligó a dejar el blog en un estado de letargo indefinido.

     Pasados los años, cuando al fin decidí ponerme de nuevo manos a la obra, lo primero que hice fue echar la vista atrás. Era evidente que Intraterra necesitaba someterse a unas cuantas mejoras antes de su nueva andadura. Lo que no imaginaba es que un análisis más profundo me llevaría a querer rehacerlo todo desde el principio. No había nada que pudiera o quisiera salvar; ni del diseño, que se había quedado desfasado —sobre todo en el apartado técnico—; ni del contenido, que lo veía muy poco elaborado. Sólo de pensar en el trabajo que tenía por delante se me venía el mundo encima.

     Durante los meses siguientes, dediqué todo el tiempo que pude a la reconstrucción del nuevo blog. Una tras otra, fui tachando de una lista cada una de las tareas que había ido anotando. La cifra no paraba de aumentar y disminuir sucesivamente; conforme cerraba un cajón, se abría otro. Era como estar achicando agua de un bote que amenaza con hundirse. Pero con mucha paciencia y disciplina conseguí acabar ganando la batalla.

     Ahora que por fin puedo afirmar que todo está finalizado, siento un gran alivio, al mismo tiempo que una pesada carga de responsabilidad. Sé que todo lo que he hecho hasta el momento no es más que la portada de un libro que aún está por escribirse, y que es a partir de ahora cuando empieza el verdadero reto; el de demostrar que puedo sacar este proyecto adelante, por muy difícil que pueda tornarse y por muchos obstáculos que puedan aparecer en el camino. No va a ser fácil, pero estoy seguro de que con vuestro apoyo lograré superar cualquier barrera. Por eso, os invito a que preparéis vuestras mochilas y partamos juntos en este fantástico viaje.