13. Un paraíso perdido


Le hemos cogido un gran cariño a Frochi, el único perro que nos queda con vida. Es aún joven y muy alegre, y no hay momento del día en que no quiera que juguemos con él. Si no fuera por Frochi nos habríamos vuelto locos en esa maldita caverna. Me alegro tanto de que hayamos conseguido salir... Un día más y hubiéramos agotado todas las provisiones, y adiós a Frochi. Ni siquiera la amistad que ya nos une lo habría salvado de acabar dando vueltas en un asador. Así es la supervivencia.

Es paradójico que hace sólo unas horas estuviéramos pasando hambre y ahora nademos en la abundancia. ¡Este lugar es un auténtico paraíso! Hay toda clase de frutas y verduras, muchas de ellas desconocidas para mí, y de tamaños increíbles; las más grandes que uno pueda imaginar. Cualquiera creería estar en la ficticia Brobdingnag de Lemuel Gulliver, todo un disparate. Y ya que hablamos de disparates, me pregunto si será esto el infierno. Yo diría que no, a menos que el infierno esté cubierto por un hermoso cielo azul con un sol resplandeciente y esté rodeado de mar. Además, para llegar a él habría que morir y ser malvado, o eso dicen. Por lo tanto, ¿dónde estamos?

-Diario del Almirante Morgan-

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